Hablando con las manos (II)
El cuerpo humano en su infinita perfección y complejidad ha sido un verdadero reto para todo aquél que se adentrara en él, desde siempre ha sido modelo de estudio y observación para toda clase de disciplinas. Concretamente en el plano artístico sabemos que ha sido objeto de minuciosos análisis para su mayor conocimiento, como desde la antigüedad, su anatomía y proporciones, o cinemática de movimiento, y biomecánica en la actualidad.
El lenguaje corporal y su armónico movimiento ya despertaba gran interés en el Imperio de Roma mostrando escenas narrativas, en el Renacimiento, Leonardo Da Vinci representó el estudio de una figura masculina inscrita en un círculo-cuadrado en dos posiciones sobreimpresas de brazos y piernas, basado en los textos de arquitectura de Marco Vitruvio arquitecto de la Roma Antigua.
Leonardo estableció una relación de las proporciones humanas que fue uno de los grandes logros del conocimiento de las proporciones matemáticas del cuerpo humano, por ejemplo, la altura de la cabeza hasta la barbilla es un octavo de la altura del hombre, y la distancia de esta al principio de la nariz es un tercio de la longitud de la cara, la longitud de los brazos extendidos de un hombre es igual a su altura.
Fue tan grande su ingenio que ni pudo imaginar que hoy día los mejores programas de arquitectura e ingeniería para dibujo bi y tridimensional se basan en geometría paramétrica, como Autodesk, Solid Works, pero de ese fascinante mundo hablaré otro día.
En su gran belleza, el cuerpo humano nos reta constantemente a conocerlo e imitarlo. Las manos siempre me han cautivado, son una gran fuente de inspiración y un placer dibujarlas.

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